A quien no le ha pasado que durante toda la cuarentena se ha sentido más perdido que extranjero sin guía, desentendido y solo. Ahora agreguémosle ser adolescentes, la etapa temida, sentir que tu vida se para y no sabes como retornarla, llegan grandes ideas, pero no acciones, el miedo te inunda y la ansiedad crece. Como un plus digamos que terminas tu relación, sí esa tan linda que cuando menos lo piensas ya acabó, intentas recuperarla, intentas aferrarte, pero ya se ha ido y lloras. Lloramos sin parar, por todo, nos sentimos vulnerables, estancados y solos. Cuando llegas a ese punto hay dos clases de personas: las que se paran y dan un gran salto par mejorar su vida y las que empiezan a caminar cuando les da un ataque de ansiedad, cayéndose mil y un millón de veces, pensando todo y quejándos...
Hay cosas que no planeamos y solo llegan y son caos, duelen, tu corazón se apreta, y no metafóricamente. "No puedo, necesito ayuda" cuando reconoces tu dolor, cuando sabes que ya has tocado fondo, no es de cobardes, desesperados o tontos contarle a tus amigos lo que te pasa, llorarles mil veces, querer hibernar en tu cama y no comer, es normal, es parte de "el proceso". ¿Cuándo sé que toqué fondo? En mi caso, mientras lavaba los trates me dio un "mini ataque de ansiedad" por primera vez, empecé a temblar y a llorar sentí como mi corazón se paró y después aceleró a mil, muchos pensamientos me inundaron y fue muy chocante verme así. Después un amigo me preguntó cómo estaba y le mandé una foto, yo me veía "normal", pero él me hizo ver lo demacrada que estaba, había bajado mucho de peso y tenía muchas ojeras. Me miré al espejo y me sentí muy fea, lo peor fue que me dije "por eso te dejaron". No sabía como quererme, pero pedí ayuda, l...